Barrio de Las Peñas

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Tras la ocupación cristiana de Requena y su tierra por cristianos castellanos en 1239 y la concesión de la Carta Puebla por Alfonso X de Castilla en 1257, parte de la población musulmana que vivía en el recinto amurallado de La Villa, fue desplazada a un montículo rocoso situado al Norte del espacio fortificado, conocido como Las Peñas. En este emplazamiento se desarrolló un barrio mudéjar de labradores y pastores que conservó durante más de un siglo sus costumbres y religión musulmana.

A mitad del siglo XIV, coincidiendo con un largo periodo de crisis económicas y con la aparición de la terrible epidemia de la peste, se iniciaron las presiones hacia la población musulmana, forzándoles a la conversión al cristianismo o la emigración al reino musulmán de Granada.

El hecho de la cristianización de mudéjares determinó que se construyera una ermita en Las Peñas que, por sus grandes proporciones, nos demuestra que la población de origen musulmán fue numerosa en este barrio.

Este poblado quedaba relativamente separado de La Villa y, aunque sin fortificación defensiva, se apiñaron las viviendas acomodándose a las irregularidades del terreno. Se encastilló el caserío construyendo las casas de espaldas al exterior, dando sus fachadas a un conjunto de callejones retorcidos y estrechos que todavía se pueden apreciar en la parte original del barrio, situado en cuesta, al pie de la ermita. Caminando por esta parte de Las Peñas detectamos claramente el origen musulmán de este espacio.

Contrasta claramente con los ensanches dieciochescos que se construyeron en la parte llana que queda detrás de la ermita, con calles rectas y la amplia plaza de la Carrera. El que la ermita de estilo mudéjar se construyera en el siglo XIV y se dedicara a San Sebastián se debe o coincide con el desarrollo de la mortífera epidemia de la peste en esta época. A san Sebastián, mártir milanés, se le asignó, en el Occidente europeo, el ser abogado o protector contra esta enfermedad.

En el texto de los gozos que todavía se cantan en su fiesta en el mes de enero se dice:

Mártir de invicto valor

pues gozáis de Dios la esencia

en la peste y su dolencia

sed nuestro libertador.

La restauración de la ermita le ha devuelto su aspecto puramente mudéjar, habiéndose conservado algunos de los añadidos dieciochescos entre los que destaca la capilla de San Cayetano con graciosa cúpula.

En la fiesta de San Sebastián de Las Peñas sobresalen, como elementos tradicionales, la hoguera de la noche de la víspera, con su lucha de cohetes, la recogida de las tortas de pan bendito con sus pasacalles, música y petardos, y la “pará” o subasta de donativos, como exvotos al Santo.