El Vino en Requena

En los campos de Requena se ha hecho vino desde hace más de 2000 años. Hay restos de vajilla, estructuras como el lagar de Las Pilillas, e incluso pepitas de uva, que nos cuentan que los Íberos producían y bebían vino en la zona desde el siglo VII a..C, y así ha sido de manera continuada hasta nuestros días.

En 1265 el rey Alfonso X el Sabio otorga sus propios fueros a Requena en los que se mencionan a los "binaderos" o guardianes de la viña y se prohíbe  la importación de vino forastero". En 1651 se hace un "aforo" de los viñedos, es decir, un inventario de las fincas con los datos de su propietario y su tamaño medido en peonadas, que se corresponde con la porción de terreno que podía cavar un hombre en un día y que incluía 110 vides. De algún modo, el reparto de antaño aún condiciona la parcelación actual. No había entonces grandes propiedades, teniendo en cuenta que 320 viticultores concentraban 214 hectáreas de terreno.

Hasta el siglo XVIII el vino producido satisfacía la demanda local, y es a partir de entonces cuando se hace más comercial, llegando a ser transportado en el siglo XIX hasta el Puerto del Grao de Valencia para ser exportado, hecho que se  vio favorecido por la infección por Oidium entre los viñedos franceses, plaga que no fue muy virulenta en la zona de Requena. Hasta 1912 se libraron de la otra gran plaga, la de la filoxera. La variedad de uva local Bobal resistió la enfermedad que se propagó lentamente, dando tiempo a ir sustituyendo los pies de las cepas por las variedades americanas resistentes al temido insecto. El censo de vides no se vio afectado. Unos años antes, en 1897, se inauguró la línea de ferrocarril que unía Valencia y Utiel lo que impulsó el comercio del vino con la capital valenciana.

La tierra y el clima de Requena hace que sus vinos sean muy especiales, sobre todo los tintos y rosados realizados con la variedad Bobal. Entre las uvas tintas también se cultiva la tempranillo, Cencibel y la Garnacha. Entre las variedades blancas las más frecuentes son la Macabeo y la Merseguera. 

Son muchas las bodegas que abren sus puertas a los visitantes para mostrar su historia, instalaciones y sobre todo su bien más preciado: el vino.